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lunes, febrero 22

La Historia del Marrano Negro

Mis abuelos eran personas muy dadas a la oración, pues eran gentes de mucha fe. Recuerdo que cuando éramos niños nos iban a visitar en Buga La Grande, el abuelo Antonio acostumbraba a rezar todas las noches el rosario y nosotros, de 8 y 9 años, nos distraemos mucho, cosa que obviamente le molestaba sobre manera a mi abuelo.
Esas noches calidad del Valle del Cauca no las olvidamos, ente otras cosas, porque el abuelo, además de rezar el rosario, acostumbraba a contar historias, muchas de ellas que hablaban de espantos, brujas y hasta del diablo mismo, cosas en las que el creía.
Una noche, después del rosario, el abuelo contó la historia de un niñito que se portaba muy mal cuando rezaban en familia, el crio se burlaba de los mayores en medio de los rezos y así una noche fue castigado: cuando dormía se apareció en su habitación un marrano negro chillando, resultó ser que era el mismísimo demonio convertido en el repugnante animal que había venido a llevárselo.

Obviamente la noche cuando el abuelo contó la historia del marrano negro, nosotros habíamos estado inquietos a la hora del rosario. Así cuando nos fuimos a dormir estábamos un poco asustados, en especial mi hermano Eduardo, quien siempre ha sido muy impresionable, por no decir miedoso; a media noche cuando yo estaba dormido me despertaron los gritos de terror de Eduardo diciendo: -“ El marrano, el marrano!!!”

Ante la gritería llegaron mis padres quienes trataron de explicarle que se trataba de una pesadilla. “– No, no.” respondió el “-miren debajo de la cama.” Para tranquilizarlo revisaron y encontraron allí un gato negro que había en mi casa. Después de esa noche se acabaron los chistes y las risas a la hora del rosario.
Publicado oiginalmente en ANCESTROS.

lunes, febrero 15

Las Tías Muertas.

Hay cosas que suceden cuando menos te las esperas, otras que nunca hubieses imaginado y que están fuera de cualquier cálculo; es lo que me pasó ayer cuando entré al Facebook y vi que había sido aceptado en un grupo que se llama “Yo también soy descendiente de Antonio José Giraldo Correa.” Como era de esperarse me puse a mirar las fotos, algunas antiguas y otras recientes, y a leer los posts escritos por mis primas y primos, lógicamente buscaba alguno que hablase de mi abuelo, quien le dá el nombre al grupo. No encontré una biografía extensa sino un post en el que se señala la fecha de nacimiento, el hecho de que se casó con mi abuela y que ellos tuvieron quince hijos; pero yo siempre oí decir a mi madre que eran doce, eso me hizo ir a preguntarle y me respondió que tuvo dos hermanas de las cuales nunca supe, una que ella nunca conoció pes murió antes de nacer mi madre, ahogada con unas semillas de frijól siendo aun muy niña y otra que si era menor que mi madre, de quien recuerda que era muy bella y que los vecinos de Pereira hacían cola para ver y que murió siendo bebé de una nefritis.

Bertha y Myriam eran los nombres de las dos tías de las que me vengo a enterar a mis cincuenta y tres años de vida, el otro tío que estaba fuera de mi conocimiento se llamaba Antonio, igual que mi abuelo y que otro tío que murió asesinado un treinta y uno de diciembre a mano un hecho del de un bombero ebrio en un hecho del que poco se habla por lo violento y triste. El hecho es que mi rpima Rosa Elena, Rochele cariñosamente, habla de un Antonio Jr. y otro Antonio J. Uno de los dos el de historia de marras y el otro de quien mi madre no recuerda nada.

miércoles, febrero 10

El Bronce de Don Cristóbal.


Tener un busto propio en casa parecería una excentricidad, no sé si Don Cristóbal Restrepo Botero era un excéntrico, pero si se que amasó una fortuna en Caracas donde vivió desde que llegó a Venezuela desde Medellín en los años treinta o cuarenta del siglo pasado.

Siendo yo un niño acompañe una vez a mi padre a visitarlo en si casa de San Bernardino, de esa visita recuerdo el Rolls Royce que tenia parado al frente de su casa, los ceniceros de bronce con la R de su apellido y por supuesto el busto de bronce que si no recuerdo mal fue un regalo de sus hijos y el cual tenía en un patio interno de la casona donde vivió los últimos años de su vida.

El bronce después de la muerte de Don Cristóbal terminó en una pequeña finca de la familia en Los Teques en manos de uno de sus nietos, quien hace unos treinta años se lo obsequio a mi padre. Desde entonces estuvo por un largo tiempo en su casa de Mesa de Aura, de donde mi hijo Juan Cristóbal decidió que la lleváramos a un insipiente museo de que estamos heciendo en Vivero Perieca

Publicado originaalmente en ANCESTROS