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domingo, abril 20

Compartir el pan.

Hoy domingo es buen día para escribir sobre algo que leí recientemente, se trata de una vieja costumbre denominada comensalidad, se trata del rito que se cumple alrededor de la mesa a la hora de tomar los amentos, un rito que está mas arraigado en algunas culturas que en otras, pero que es común a todos los seres humanos y que además es parte de la esencia misma de los seres humanos.

La misa refleja el rito de la última cena de Jesús, en el cual este compartió con sus discípulos su vida humana representada en el pan y el vino, el cuerpo y la sangre, los norteamericanos tienen el día de acción de gracias, en el cual se cena en familia para recordar un momento especial de la historia de ese país, un momento en el cual compartieron un pavo para mitigar el hambre, los italianos no pasan un día sin comer en familia y brindar con sus amigos, los romanos hieieron parte del rito del matrimonio compartir una torta, los japoneses hacen de sus comidas una ceremonia muy especial y asñi vamos viendo como en todos los países es parte de la cultura compartir los alimentos, nada mas ritual que una parrillada para los argentinos. o la elaboración de las allanas en llas navidades Venezolanas-

Pero lamentablemente la vida moderna está echando por la borda esta ancestral costumbre, la prisa, la desintegración de las familias, el trabajo de las mjeres fuera de casa y hasta la adicción a la televisión hacen que cada vez sean menos los momentos compartidos en familia a la hora de las comidas. Es común ver a los niños comiendo frente a un televisor y a los padres frente a otro viendo noticias o simplemente un talk show no apto para menores. Los portaviandas y los restaurantes de fase food han tomado el lugar de la hora del almuerzo y las familias cada vez interactúan menos a consecuencia de ello.

No queremos hacernos eco de esta idea que no es nuestra para lamentarnos del desarrollo de la sociedad, sino para llamar la atención de todos para buscar la forma de mantener en sus familias un mínimo de unión alrededor de la mesa. Recuerdo, por ejemplo, los brunchs de los domingos que preparaba mi padre y `los gumbos de frutos de mar que preparaba mi padre para nuestros amigos cuando se iban a casar, o las frijoles de los jueves santos en Mesa Grande junto a la familia de mi esposa y ellos a su vez no olvidan los sandwches de su tío Luís Vallalta y que decir del cochino enterrado que hacia mi padre los 28 de diciembre en Mesa de Aura para todos sus amigos.

domingo, febrero 24

Montaña adentro.

mHe vivida por mas de treinta años en los andes venezolanos, buena parte de ese tiempo lo pase en áreas rurales como Mesa de Aura y Las Mesas de Seboruco, el padre de mi esposa era de un sitio cercano a La Grita llamado Venegara, aun algunos de sus parientes viven allí.

En general puedo decir que los andinos son gente buena, educada, religiosa y formal. Me tocó conocer, sin embargo en los años detenta la zona de Mesa de Aura cuando era una aldea seprimida económicamente, en la que al decir de Temistócles Salazar, quien era mi profesod de geografía económica para ese entonces, era una zona que vivía en una economía de subsistencia, en la cual a duras penas se producía lo necesario para no morirse de hambre.

Un estudio económico en esos días reveló que para los pobladores de la zona era preferible engordar cerdos y gallinas con lo que les producía la tierra que vender la cosecha en el mercado. Los andinos o gochos, como despectivamente les llamaban, tenían como costumbre producir su propio aguardiente con panela de caña o papelón en alambiques de cobre. Uno de los ingredientes que usaban en la destilación del aguardiente, al que también llaman miche o cachicamo era el ácido de batería, el cual decían que era muy bueno para “enjertarlo.”

El tipo de los habitantes de las faldas del páramo del zumbador era netamente europeo, sin trazas indígenas ni africanas, no es raro aun conseguir personas rubias, de ojos claros, generalmente altos y las mujeres son generalmente muy bellas. El siglo pasado, cuando llegamos a la zona, había un alto índice de analfabetismo y en algunas familias pensaban que no era cosa de hombres ir a la escuela después de cierta edad. Las mujeres eran las jefes de familia y no era raro que le pegasen a sus maridos cuando abusaban del alcohol.

Las familias eran muy numerosas y los servicios públicos eran escasos, solo quienes Vivian a orillas de la carretera tenían luz eléctrica, obviamente no tenían televisión o nevera, los baños eran escasos y pocos se habían montado en un carro. La mula y el caballo se usaban como medio de transporte de personas y de carga.

Las arepas en se hacen de trigo, igual que en Mérida, pero son dulces, con la leche se hacen todavía unas rica cuajadas que envuelven en hojas de plátano y se consumen rápidamente- Ña carne la secaban al sol salándola para conservarla, aunque no era el fuerte de la dieta. Cuando alguien muere acostumbran matar un toro para ofrecer la carne a quienes vayan al velorio y a los rezos del novenario. Las tripas y la panza del toro la guardan para el noveno día hacer un mute o mondongo para quienes vayan al ultimo rezo.

El aguardiente aliñado y caliente al que llaman “calentao” no falta en el velorio y en los rezos, Ver al muerto es obligatorio. En las bodas el meche se sirve en forma de un ponche elaborado con huevos y leche al cual llaman “leche’burra”. Cuando nace un niño se beven los “miaos”, esto es un preparado de miche aliñado que manda a hacer el padre antes de nacer el niño en cantidad suficiente para ofrecer a todo quien vaya a conocer el niño.

Hoy en día las cosas han cambiado, las nuevas generaciones prefieren vivir cerca de las carreteras, tienen electricidad, televisión por satélite, comparten el cultivo de flores y hortalizas con un pujante negocio de transporte en camiones ultimo modelo. Viajan con frecuencia y poco a poco han ido cambiando el miche por ron, cerveza, whisky, brandy y otros licores debidamente permisados.

El mestizaje se ha iniciado, caraqueños, llaneros y orientales se van mezclando poco a poco con las lindas muchachas de los andes. Los varones por su parte se han casado con muchachas de las ciudades que visitan. El analfabetismo ha quedado en el pasado, el auge de la floricultura ha traído bienestar económico y personas de otras regiones. El siglo XXI llegó súbitamente, casi dando un salto desde el siglo XIX
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martes, marzo 13

Supersticiones: Martes trece.


Los andinos son en general gente supersticiosa, evitan pagar cuentas los días lunes porque eso invoca la falta de dinero durante el resto de la semana, pero cobran los viernes en la tarde para que les paguen el lunes porque así tendrán dinero toda la semana, además no te entregan un salero en la mano ni pasan por debajo de una escalera, tampoco adornan la casa con cosas traídas del mar porque es augurio de tragedia, no acuestan a un niño sobre una mesa porque eso llama a la muerte, Los días martes trece, como hoy, evitan casarse, pues el matrimonio no tendrá buen futuro, también evitan viajar porque el viaje será trágico. Es común ver una planta de aloe o sábila colgada sobre las puertas de las casas o en su lugar una herradura, esto para atraer la buena suerte.


Este mes volvió a caer martes el trece, el pasado febrero también, no se que implicaciones tenga eso en las supercherías, dos martes trece seguidos, además Noviembre tendrá también su martes trece además de ser mes de los muertos y de las brujas. También tendremos dos meses días viernes trece: mayo y julio, esto podría ser nefasto si atendemos a la tradición anglosajona. Es común pensar que las supersticiones son herencia de los pueblos indígenas o de los esclavos que vinieron de África, pero las supersticiones están en todas las culturas, los norteamericanos evitan numerar con el trece apartamentos, pisos, aulas, oficinas, calles, casas y unidades de transporte. En todo el planeta se cree aún en augurios de este tipo, ningún pueblo se salva, en todos existe la tendencia de creer en la suerte, buena o mala, llamese como se llame.
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