martes, julio 24

Vivir y sobrevivir

En este paseo por el plano terrenal tenemos dos tareas de importancia suprema: sobrevivir y vivir. Quizá nos parezca más importante la segunda, pero sin la primera la segunda no puede llevarse a cabo. Hoy veo como en los recuerdos y en las vivencias aparecen personas que vivieron dejando huellas imborrables en sus hijos, sus nietos, sus sobrinos y sus amigos, pero también veo otros que apenas están haciendo camino. Se trabaja para sobrevivir, es cierto, pero también se trabaja para vivir y construir un mundo mejor, en el cual la energía suprema, el amor, es fundamental; una expresión de cariño, un mensaje desde la distancia, una invitación a compartir, un helado para un hijo un nieto o un sobrino, un chiste oportuno, el apoyo a nuestros hijos o a los amigos son las manifestaciones de nuestro ser y de la trascendencia. Por eso rindo homenaje a los viejos, aquellos que ya se fueron, pero siguen estando presentes con su energía suprema y a aquellos que todavía no se han ido, pero que ya están llegando al fin del camino en este plano y cuyas caras reflejan ternura pero también cansancio. Honremos su existencia sabiendo que son ese reflejo del alma en el espejo que nunca veremos, pero que siempre estará allí.

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