viernes, junio 8

Miguel en Jepirra

 Cada quien se imagina a Jepirra según lo que ha hecho con su vida. Miguel después de su funeral llegó a una isla cerca de la Guajira, el sol le quemaba a piel y la única palma que había en el pequeño pedazo de tierra, o mejor de arena no era suficiente para darle sombra, cuanto anhelaba tener sobre su cabeza un sombrero costeño de esos que usan en el norte de Colombia. 

Esperaba la llegada de algún otro espíritu, pues había escuchado que al morir todos los humanos hacen escala en Jepirra por un tiempo hasta que nos llegue el momento de seguir e camino hacia las estrellas. Esperaba que le contaran como había estado su primer funeral y soñaba con que le pudiesen traer un trago de chirrinche o una cerveza bien fría, pero nadie llegaba. Su boca estaba seca, la sed lo consumía y comenzaba a sentir hambre, había pensado que con la muerte se había liberado de eso pero no.

Miró hacia las hojas de la mata de coco y se decidió a subir para conseguir agua para calmar la sed y la carne del fruto para mitigar el hambre. Estuvo cerca de una hora tratando de subir, poco a poco fue alcanzando más altura, pero igual caía antes de llegar. La desesperacion también  crecía, sudaba a chorros y el sol le quemaba la espalda. Al fin pudo alcanzar el coco, lo llevó hasta la arena y comenzó la pelea para abrirlo y poder sacar el líquido, pero sus esfuerzos eran infructuosos, le provocaba llorar, pero de repente apareció a su lado el espíritu que esperaba. 


El visitante sacó una navaja y abrió el coco, seguidamente sacó una pequeña botella de chirrinche y vertió su contenido dentro del coco. Miguel esperaba que el hombre compartiera el contenido, pero lo que hizo fue beberse todo el contenido y lo miró soltando una carcajada, lanzándose luego al mar y desapareciendo mentras daba grandes brazadas. Fue el primer día de Miguel en Jepirra, él hambre y la sed seguirían, también a soledad. 

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