viernes, junio 29

Fútbol

HoY escribiré en primera persona aunque las normas de estilo no consideran la forma más apropiada de hacerlo, pero se trata de una vivencia que a pesar de ser coarmpartida por un alto porcentaje de los habitantes de este planeta, tiene un componente íntimo y personal que hace que cada uno lo viva a su manera. Se trata del fútbol y no voy a hablarles de pronósticos en el campeonato que se juega actualmente sino del impacto que ha tenido en mi vida. De pequeños vivimos en Colombia, donde el fútbol era el deporte nacional y se jugaba en todas las escuelas, éramos dos hermanos varones, yo el menor y nuestros padres decidieron hacernos hinchas a cada uno de un equipo distinto, mi hermano aunque nació el Pereira fue acreeedor de las insignias del Deportivo Cali a pesar de haber nacido en Pereira, mientras que a mí me regalaban las insignias y las camisetas del America, de color rojo y con un diablo como ícono, no sé si me querían decir algo con eso, pero yo mis seis o siete años no podía menos que vestir la camiseta roja que me habían regalado mis padres. Papá nunca fue aficionado al fútbol, muy pocas veces lo vi jugando o viendo un partido, pero en esa época no habían transmisiones vía satélite y las imágenes llegaban en diferido. Quizá el primer futbolista famoso que conocimos fue Pelé, el ídolo brasileño y a nivel nacional el Caimán Sánchez, más por haber sido inmortalizado en la famosa canción que por sus hazañas en la cancha, además del inmortal Marco Coll quien en 1962 anotó un gol olímpico cobrándole un penalti a Rusia en el mundial de Chile. Mi mamá al contrario era apasionada por los deportes y el fútbol no fue la excepción, cuando comenzaron las transmisiones vía satélite no se perdía los partidos de Holanda y Alemania, tampoco los de Brasil y Argentina, a la lista de los famosos se unieron Bekenbauer, Maradona, Ronaldo, Cacá y Ronaldinho Gaucho, además de los aún vigentes Messi y Cristiano Ronaldo. El fútbol pasó con el satélite a ser el espectáculo televisado más visto en el planeta superando a la Serie Mundial de Béisbol e incluso a las olimpiadas. Yo cada cuatro años dedicó parte de mi tiempo a ver partidos del campeonato mundial a pesar o quizá por tener en el subconsciente el que a los diablos rojos, asunto comparable solo a una bendición que me hizo echar mi abuelo Antonio el día de mi bautizo para que fuera sacerdote y que no surtió efecto a pesar de que mis estudios formales los hice con curas y hasta con monjas habiendo sido discípulo de Franciscanos, salecianos, josesiamos y Jesuitas, pero mi rebeldía me llevó en la adolescencia a simpatizar con los ateos llegando a tomar las banderas rojas para soltarlas al convencerme por los hechos de que eran solo un engaño.

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