miércoles, agosto 9

Mi testamento


El día de hoy ocho de agosto de 2.017, gozando de la plenitud de las facultades mentales que en mi son normales he decidido hacer esta manifestación de voluntad, que espero no sea la última, pero que hoy es la definitiva: 

PRIMERO: Quisiera vivir mil años más rodeado de mi familia, mis amigos y mis perros, en esta tierra, conociendo gentes amables y disfrutando de los manjares que nos ofrece, preparados con amor por gente querida y acompañados por un copita de un buen vino u otro licor que active mi espíritu. Pero sé que es imposible vivir tantos años y tampoco es probable que nadie pueda soportar por tanto tiempo mis achaques.

SEGUNDO: A mis hijos quiero dejarles el más preciado tesoro que heredé mis padres, el cual espero haber administrado bien y haber hecho crecer durante mis años de vida: el amor y la veneración por la familia, los valores que me fueron inculcados, el respeto al prójimo y  a Dios.

TERCERO: A mi esposa le dejó el amor que ya le entregué, los que no le dí porque quedaron guardados en algún cajón olvidado en el que tuve muchos años enfados que hoy doy por olvidados.

CUARTO: A los amigos, a mis compadres, a mis ahijados, a los hermanos de la vida y a los hijos del corazón la eterna gratitud por haber entrado en mi vida y haberme ayudado a llevar la carga, compartiendo la mesa, los tragos, las risas y las  lágrimas. A la ellos todos les agradezco el haberme enseñado una forma más pura de amar cuyo mayor objetivo fue compartir momentos felices sellados por abrazos y  sin necesidad besos o caricias porque estaban en el alma.

QUINTO: A qienes  trabajaron conmigo además de incluirlos en el número anterior, pues siempre fueron amigos por encima de todo han sido amigos les dejo las experiencias compartidas para que tomen de ellas lo que consideren positivo y también para que las usen para que en un futuro no vayan a repetir mis errores, pues quiero que sean mejores que lo que yo he sido. 

SEPTIMO: A todos los que he mencionado les dejo mi cariño y le pido que perdonen los desaciertos y les pido que me recuerden como alguien que simplemente quiso ser feliz y hacer felices a otros, alguien que cultivaba alimentos y flores, que aprendió  a cocinar por pasión, no por negocio, que hacía jardines  para alimentar el espíritu, no para llenar los bolsillos.

OCTAVO: Pido finalmente que me entierren a la sombra de un pino laso y que en lugar de una lápida pongan sobre mi fosa una piedra en la que graben un glifo como los,que hacían los verdaderos dueños de estas tierras. No quiero llanto, pues además de no creer merecerlo preferiría risas y buenos recuerdos, una canción de Lois Amstrong, una de Serrat, una de Yordano,  una de Chucho corrales y La Ruana haciendo honor a la tierra de mis padres. 


Había pensado pedirle a un amigo que hiciera unos pasteles de yuca para el funeral, pero como no seré yo el que pueda disfrutarlos no le voy a poner ese pereque, más vale que le de un par de patadas a la tumba y diga allí quedaste bien viejo....

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